EL REGALO QUE ME DIO MI PADRE
Soy de la generación de los padres ausentes. No porque nuestros padres no nos amaran. No porque no quisieran estar con nosotros. Les tocó vivir tiempos difíciles. Mientras nosotros crecíamos, ellos luchaban contra la crisis económica, la inflación, la escasez y la incertidumbre para llevar alimento a casa. De niño muchas veces extrañé la presencia de mi padre. Extrañé conversaciones, juegos y momentos que imaginaba compartir con él. Pero con los años, mi padre y yo pudimos hablar. Pudimos escucharnos. Pudimos perdonarnos. Y, sobre todo, pudimos entendernos. Entonces comprendí algo que cambió mi forma de ver la vida: Mi padre hizo lo mejor que pudo con las herramientas que tenía. No era un hombre ausente porque no me amara. Era un hombre intentando sacar adelante a su familia en una época complicada. Y cuando entendí eso, el resentimiento dio paso a la gratitud. Porque descubrí que incluso las experiencias más difíciles esconden un regalo. Su ausencia me ens...