GRATITUD


¿Qué tal, amigos? ¿Cómo están?
Aquí estamos, nuevamente, empezando el año, ya después de haber pasado toda la época navideña.

Para mí, la Navidad es una de las temporadas más importantes y más lindas del año. Es un tiempo de reflexión, de pausa, de mirar hacia adentro. También es un tiempo de actividades con mis hijos, de hacer cosas juntos, de reírnos, de compartir.

Sí, decorar la casa puede ser pesado, cansado, incluso un poco estresante… pero lo hacemos con amor, con ilusión, porque es Navidad. Y porque en Navidad recordamos algo esencial: el nacimiento de Jesús, ese mensaje de amor, de paz, de salvación y de esperanza que tanto necesita este mundo tan acelerado en el que vivimos.

Diciembre también es un mes especial por otra razón: el perdón.
Es como si estuviera “a pedir de boca”. Todos estamos un poco más dispuestos a pedir perdón por lo que hicimos mal durante el año y también más abiertos a perdonar. Más humanos, más sensibles, más blanditos del corazón. Por eso me encanta este mes: está lleno de amor, de cariño y de reencuentros.

Este año fue especialmente bonito. Estuvo la familia cercana, la familia de Noelia, mi esposa, que siempre está presente durante el año, y eso lo agradezco profundamente. Mis cuñados, cuñadas, sobrinos… que vengan, que estén, que compartan la casa, para mí es una bendición enorme.

Después de Navidad llegaron también mis hermanos y mis padres. Y eso fue muy especial. Me encantó poder cocinarles. A mí me gusta cocinar, y siempre recuerdo algo que dice Giacomo Bocchio, un chef al que sigo mucho: una de las mayores muestras de amor es cocinar para quienes amas. Y es verdad.

Cocinamos, conversamos, reímos, compartimos la mesa, nos abrazamos. Fue un tiempo que se queda guardado en el corazón.

Lamentablemente, casi todos mis hermanos viven lejos, en otras provincias. Por trabajo es difícil coincidir, así que este reencuentro fue una oportunidad valiosa. Solo faltó uno: mi hermano Jonathan. Oro mucho por él y espero pronto poder abrazarlo. Eso fue lo único que quedó pendiente.
Por lo demás, diciembre fue muy bueno. Cerré bien el año.

Y qué año…
No fue fácil. Fue un año complicado, lleno de imprevistos. Arreglaba algo y aparecía otra cosa. Me sentí muchas veces como bombero, apagando incendios uno tras otro.

En los últimos días del 2025, lo confieso, pensé: “Ya lárgate, 2025”. Estaba cansado, saturado.
Hasta que escuché algo en un podcast que me cambió la perspectiva.
Decían que muchos agradecen a Dios por lo que tienen o por dónde están, pero pocos agradecen por dónde no están.

Y eso me golpeó fuerte.

Hoy le doy gracias a Dios por no estar en una situación peor, por no estar lejos de mi familia, por no estar enfermo, por tener un techo, pan en la mesa y salud.

Entonces decidí cerrar el año agradecido.
Agradecido por la misericordia y la fidelidad de Dios, incluso en medio del cansancio.

Aprendí hace años, gracias al autor Edwin Louis Cole, una frase que hoy cobra mucho sentido:
“Así como sales de una temporada, entras a la siguiente.”
Por eso tomé una decisión clara: quiero cerrar este año agradecido y empezar el siguiente agradecido. No desde la queja, sino desde lo que sí estuvo, desde lo que Dios cuidó.

Justamente hoy, domingo, en la iglesia, hablaron de la gratitud. De cómo muchas veces pedimos, recibimos y enseguida queremos más, olvidándonos de agradecer lo que ya tenemos. Y me vi reflejado.
Así empiezo este 2026: con gratitud en el corazón, con esperanza y con la confianza de que lo que viene será dentro de la voluntad de Dios.

Y si tú que lees esto vienes cargando la negatividad del año pasado, te dejo esta invitación sencilla pero poderosa: sé agradecido. 

Incluso por lo poco. Incluso por lo que no salió como esperabas.

La gratitud cambia la perspectiva.
Y desde ahí, todo empieza a acomodarse.

Que tengan un 2026 increíble 🎉

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