CON MIS AMIGOS FUIMOS ADICTOS
Hay momentos en la vida en los que uno entiende que Dios escribe historias de una manera completamente distinta a la nuestra.
Cuando mi hermano Marco fundó Adictos, allá por 1998, ninguno de nosotros imaginaba todo lo que Dios haría a través de una banda de nu metal.
Éramos jóvenes con guitarras, baterías, amplificadores y muchas ganas de tocar. Pero, sobre todo, teníamos un propósito: llevar esperanza a quienes habían dejado de creer que la había.
La primera generación de la banda estuvo conformada por amigos que compartían la misma pasión. Recuerdo a David Adán, Nick, Cristofer, Hugo y mi hermano. Con el paso de los años, como sucede en toda familia, algunos siguieron nuevos caminos y otros llegaron para ocupar su lugar. Mi hermano Marco lideró la banda durante muchos años. Kristian, conocido como "System", se convirtió en la guitarra poderosa y Jano un baterista capaz de darle la fuerza que nuestra música necesitaba. Kenny Hurtado hizo vibrar el bajo y yo hacía coros y percusiones, más adelante otros músicos fueron sumándose a esta aventura que nunca dejó de pertenecerle a Dios.
Los integrantes cambiaban, pero la esencia permanecía intacta.
Porque Adictos nunca nació para ser solamente una banda.
Nació para alcanzar vidas.
Nuestro público siempre estuvo formado por jóvenes que atravesaban profundas crisis. Muchos estaban al borde de caer —o ya habían caído— en las drogas, el alcohol, la violencia, la delincuencia o la desesperanza. Eran muchachos vulnerables, heridos, rechazados, invisibles para muchos.
Y justamente hacia ellos queríamos ir.
Durante todos estos años vimos miles de historias. Algunas terminaron con abrazos, lágrimas y vidas restauradas. Otras parecían no tener un final feliz. Personas que escuchaban el mensaje, disfrutaban el concierto y luego seguían con la misma vida.
Pero aprendimos algo que nunca olvidaremos.
Nuestra tarea nunca fue cambiar a las personas.
Nuestra tarea fue sembrar.
Y Dios siempre se encarga de hacer crecer la semilla.
Muchos se sorprendían al descubrir que una banda de sonidos tan pesados pudiera hablar de amor, esperanza y salvación. Para algunos era difícil creer que entre guitarras distorsionadas, baterías explosivas y gritos también podía anunciarse el Evangelio.
Pero Dios nunca ha necesitado métodos tradicionales para tocar corazones.
Tocamos en gran parte del circuito de rock local. Compartimos escenario con bandas reconocidas como Leusemia, Inyectores y muchas otras en festivales importantes. Lo curioso es que cerca del 80 % de quienes asistían a nuestros conciertos no eran cristianos.
Y precisamente allí queríamos estar.
Teníamos un versículo favorito sMateo 9:12 "Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos."
Jesús nunca esperó que los enfermos llegaran a Él.
Él fue hacia donde estaban.
Nosotros simplemente intentamos hacer lo mismo.
Con el paso del tiempo la banda siguió transformándose. Mi hermano Marco dejó la voz principal y tuve el privilegio de asumir ese lugar. Nuestro baterista partió a vivir a México para cumplir nuevos sueños. Llegaron nuevos músicos como Mario, Diego Pajares tomó el bajo durante un tiempo, Cristian continuó aportando toda su potencia y Carlos Mendoza siguió construyendo esos riffs que caracterizaron nuestro sonido.
Los nombres cambiaban.
El llamado no.
Hoy, mirando hacia atrás, resulta emocionante descubrir todo lo que Dios hizo. Algunos de quienes formaron parte de esta historia hoy son pastores en distintas iglesias. Otros seguimos anunciando el mensaje desde diferentes plataformas. En mi caso, Dios me permite hacerlo a través de los medios de comunicación, las redes sociales, la radio, la escritura y cada espacio donde Él abre una puerta.
Y entonces comprendí algo que transformó mi manera de ver la vida.
Muchas personas viven alcanzando metas.
Se proponen terminar una carrera.
Comprar una casa.
Casarse.
Formar una familia.
Conseguir un ascenso.
Viajar.
Emprender.
Y cuando finalmente llegan a esa meta, descubren que el vacío sigue ahí.
¿Por qué?
Porque las metas producen satisfacción.
Pero solamente el propósito produce plenitud.
El vacío que muchas veces sentimos no siempre es falta de éxito.
Es falta de propósito.
Y el propósito central que Cristo dejó para cada creyente nunca ha cambiado.
Jesús lo dijo claramente en Mateo 28:19-20:
"Vayan y hagan discípulos a todas las naciones..."
Ese llamado no fue únicamente para pastores, evangelistas o misioneros.
Fue para todos.
Quizá tú nunca formes una banda.
Tal vez jamás prediques desde un púlpito.
Pero Dios ya te colocó exactamente donde puede usarte.
Quizá eres médico.
Profesor.
Abogado.
Policía.
Militar.
Electricista.
Pintor.
Conductor de autobús.
Emprendedor.
Estudiante.
Madre.
Padre.
No importa cuál sea tu profesión.
Importa quién te envió.
Dios convierte cualquier lugar en un campo misionero cuando una persona decide vivir para Él.
A veces compartir el Evangelio no comienza con un sermón.
Comienza con un abrazo.
Con una conversación.
Con un acto de bondad.
Con una oración.
Con tu testimonio.
Con una vida que refleje a Cristo.
He escuchado muchas veces una frase que sigue estremeciéndome:
"Tal vez tú seas la única Biblia que alguien llegue a leer."
Hay personas que nunca abrirán las Escrituras.
Pero sí observarán cómo respondes cuando todos se rinden.
Cómo perdonas.
Cómo ayudas.
Cómo amas.
Cómo sirves.
Y allí, sin darte cuenta, estarán leyendo a Jesús en tu vida.
Hoy Adictos forma parte de una de las etapas más hermosas de mi juventud. Fue una aventura llena de música, escenarios, amistades y kilómetros recorridos. Pero, sobre todo, fue una escuela donde aprendimos que Dios puede usar cualquier talento cuando un corazón está dispuesto.
Las guitarras fueron solo una herramienta.
El verdadero protagonista siempre fue Cristo.
Y ese mismo llamado sigue vigente.
Quizá no te llamó a tocar una guitarra.
Quizá no te llamó a escribir en un blog.
Quizá no te llamó a hablar frente a miles de personas.
Pero sí te llamó a representar a Jesús donde hoy estás.
No esperes el momento perfecto.
No esperes sentirte preparado.
Empieza con lo que tienes y desde el lugar donde Dios ya te plantó.
Porque cuando una vida entiende su propósito, deja de buscar solamente éxito y comienza a construir eternidad.
Y al final, eso es lo único que realmente permanecerá.
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