YO FUI MICHAEL JACKSON
Yo tenía apenas cinco años cuando aquella melodía empezó a sonar por todos lados. Billie Jean de Michael Jackson estaba en las radios, en las tiendas, en las fiestas, en las casas. Pero no era solo la música… era todo lo que transmitía. Había algo en ese sonido que despertó mi curiosidad. Era distinto. La voz era impresionante, el ritmo hipnotizante y el video parecía venir de otro planeta.
Y entonces apareció ese paso.
El famoso “paso lunar”.
De pronto, medio mundo intentaba hacerlo. Nosotros también. Recuerdo competir con mis primos en la sala de la casa para ver a quién le salía mejor. Nunca le salió a nadie realmente… porque Michael siempre fue único.
Todavía puedo recordar aquella tarde en Magdalena cuando fui a insistirle a mi padre para que me comprara el disco. En esos años no existían Spotify, ni playlists, ni celulares. Había que ir hasta una tienda de discos y buscar ese pequeño vinilo que traía dos canciones. Por un lado estaba Billie Jean. Por el otro, Thriller.
Entrar a esa tienda era como entrar a un templo musical. Y cuando tuve ese disco en las manos sentí que tenía un tesoro. Lo poníamos en cumpleaños, en reuniones familiares, en cualquier momento. Yo simplemente quería escucharlo una y otra vez.
Y hace poco, viendo nuevamente la historia de Michael, recordé una frase suya que quedó marcada en millones de personas:
“Si quieres hacer de este mundo un mundo mejor, mírate a ti mismo y cambia”.
Y qué verdad tan poderosa hay en esas palabras.
Porque muchas veces vivimos queriendo cambiar a todos. Queremos cambiar al país, a la sociedad, a nuestra familia, a nuestros amigos… pero olvidamos que el único corazón sobre el que realmente tenemos autoridad es el nuestro.
La transformación verdadera siempre empieza adentro.
Y ahí es donde pienso en algo que tantas veces he escuchado decir al pastor Robert:
“La Palabra hace la obra”.
Porque uno no cambia solo por fuerza de voluntad. Hay heridas que no se sanan solo pensando positivo. Hay hábitos que no se rompen únicamente deseándolo. Necesitamos permitir que Dios intervenga en nuestra vida.
Por eso es tan importante leer Su Palabra.
No solo escuchar un mensaje de vez en cuando, sino detenernos, abrir la Biblia y dejar que Dios hable al corazón.
Porque hoy vivimos despertando con ansiedad. Abrimos los ojos y lo primero que hacemos es agarrar el celular. Revisamos WhatsApp, noticias, redes sociales… y casi siempre encontramos problemas, miedo, violencia, discusiones o malas noticias.
Y sin darnos cuenta, comenzamos el día llenos de angustia.
La Biblia ya lo decía hace muchísimo tiempo:
“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre… en esto pensad.”
— Filipenses 4:8
Y también:
“No se conformen a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente.”
— Romanos 12:2
La renovación empieza en lo que alimenta nuestra mente.
Quizá por eso Jesús decía:
“No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”
— Mateo 4:4
Porque el alma también necesita alimento.
Tal vez no podamos cambiar el mundo entero de un día para otro.
Tal vez no podamos arreglar todos los problemas que existen allá afuera.
Pero sí podemos empezar por nosotros.
Podemos decidir qué dejamos entrar a nuestro corazón cada mañana.
Podemos elegir buscar primero a Dios antes que al ruido del mundo.
Podemos detenernos unos minutos, respirar, leer Su Palabra y permitir que Él transforme nuestra manera de pensar.
Y quizá ahí, en ese pequeño momento silencioso de cada mañana… comienza realmente el cambio del mundo.

Comentarios
Publicar un comentario