MI PRIMER CONTACTO CON LA POLÍTICA


Qué tal gente, a propósito de las elecciones de este fin de semana, quiero contarles algo muy personal.
Mi primer contacto con la política no fue en un debate, ni leyendo propuestas… fue cuando era un niño.

Tenía unos 7 u 8 años. Recuerdo que en mi familia materna siempre se hablaba del partido de la estrella. 

Todo giraba alrededor del aprismo. Pero yo, siendo niño, no entendía nada de política.
Un día, una tía abuela —que en paz descanse— me dijo:
“Hijito, acompáñame al partido… va a haber un show navideño”.

Y claro, yo pensé: ¿partido? ¿fútbol? 

Pero no. Me llevó a la Casa del Pueblo, del Partido Aprista Peruano. Era la famosa “Navidad del niño aprista”.

Ese día fue mi primer contacto con la política… sin saber que lo era.

Había un mar de niños, una fila interminable y una emoción que se sentía en el aire. Recuerdo incluso que estuvo Yola Polastri haciendo un show.
Pero lo que más se me quedó grabado fue otra cosa.

Ese día conocí a Alan García Pérez.

Él estaba ahí, celebrando la Navidad con todos nosotros. Y no solo dando un discurso… estaba entregando juguetes, uno por uno.

Yo estaba en la fila, con mi ticket en la mano. Y cuando llegó mi turno, pasó algo que nunca olvidé:
Me miró a los ojos.

No fue una mirada rápida. Fue una mirada real. De esas que, siendo niño, tú sabes si son sinceras o no.

Y en ese momento, ese hombre me cayó muy bien. 

No por político… sino por humano.

Pasaron los años.

A los 18 me tocó votar por primera vez. Y como muchos, al inicio me dejaba llevar por lo que decían mis padres o mis tíos.

Pero con el tiempo… empecé a ver la política de otra manera.

También me desilusioné.

Ese mismo líder carismático que conocí de niño, años después fue vinculado a temas de corrupción. Y aunque muchas cosas nunca se probaron del todo, en su momento, me golpeó. Me rompió el corazón.

Ahí entendí algo importante:
los políticos no son perfectos… y el sistema tampoco.

Con los años fui aprendiendo a observar mejor. A darme cuenta de que hay políticos influenciados por malos entornos… y otros que simplemente ya vienen mal desde el inicio.

Sí, hay gente que vendería el país por unas monedas. (Son los Judas de la política) Y eso duele.

Pero también aprendí algo clave:
no todo depende de ellos… también depende de nosotros.

De cómo elegimos. De cómo filtramos. De qué valores ponemos sobre la mesa al momento de votar.

Hoy quiero dejarte algo claro, sobre todo si estás pensando en tu voto.

No votes por emoción. 
No votes por costumbre. 
No votes por presión.
Vota con criterio.

Primero, pasa a tu candidato por un filtro objetivo:
Investiga si tiene denuncias
Si tiene juicios
Si tiene antecedentes de corrupción
Si cumple con la ley
Hoy existen herramientas digitales para eso. Úsalas.

Pero luego viene el filtro más importante:

El tuyo.

El de tus valores.

Desde mi perspectiva personal, creo que un candidato debería:
Tener principios claros.
Ser transparente en su vida pública y privada.
No estar vinculado a corrupción.
Tener coherencia entre lo que dice y lo que hace.
Amar realmente al país, no solo en discurso
Entender que gobernar es servir, no servirse.

Y en mi caso, como cristiano, también valoro profundamente que:
Sea una persona con fe.
Que tenga temor de Dios.
Que entienda el servicio como lo enseñó Jesús.

Porque al final, más allá de ideologías, lo que necesitamos son personas íntegras.

Ese niño que recibió un juguete y una mirada sincera… hoy es un adulto que entiende que no basta con emociones.

Hoy toca elegir con conciencia.

Este 12 de abril, no solo votes.

Decide bien. Infórmate. Filtra. Y vota con responsabilidad.

Porque el país que queremos… también depende de nosotros.

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